En la lectura esta frase, que en realidad es el primer mandamiento de Dios, es el detonante de una serie de incógnitas que rodean al pensamiento humano con respecto a si se puede realmente amar al prójimo como a uno mismo. Primero porque es necesario preguntarnos que debe tener el prójimo para poder amarlo sin importar su edad, sexo, cultura, clase social, raza, etc., factores que en la mayoría de los casos sin que exista la globalización actual vienen siendo tema tabú, ya que la discriminación en el mundo viene de muchisimos años atras.
En lo personal creo que este primer mandamiento es algo que se aprende día a día con los valores morales y éticos que son transmitidos en casa a través de nuestros padres, enseñados con amor y paciencia. Labor que no es fácil, ya que el entorno actual donde nos desenvolvemos no es el más apto ni es el mejor ejemplo de amar al prójimo. La envidia, el querer ser mejor que otro, la delincuencia producida en muchos casos por la crisis económica mundial, y en fin un sin número de acciones humanas muchas veces pueden hacer tambalear una formación aparentemente correcta.
Cuesta mucho creer que como seres humanos debemos cada día esforzarnos muchísimo mas que nuestros padres en educar nuestros niños, no solamente para conservar los valores enseñados en casa, sino también para enfrentarse a un mundo en el que estarán inevitablemente inmersos en un infierno y tomar la decisión de ser protagonistas u observadores del mismo.
En nuestras manos está el saber criar seres humanos dispuestos a tomar la mejor decisión, decisión que será crucial para su descendencia y así sucesivamentee muchísimos años atrás.
1 comentario:
Bien.
Publicar un comentario