Luego de leer el capítulo "La vida acelerada, o los desafíos de la educación ante la modernidad líquida" puedo destacar la definición que hace el texto acerca de la "felicidad" e "infelicidad" para los seres humanos. Ellos prefieren en todo momento la "felicidad" en sus usos y aceptaciones más comunes, tratan de evitar todo aquello que vaya en contra de la generación de este estado. La "felicidad" puede relacionarse con el nivel de superación de expectativas que un producto o servicio puede representar para todo ser humano, todo aquello que vaya a tener resultado positivo, que no implique algún tipo de malestar o sufrimiento para el que lo experimente. El texto cita ejemplos enfocados en situaciones de 2 personas: A y B, donde se resalta el hecho de que en muchas ocasiones lo que es bueno o puede representar una excelente experiencia para A no necesariamente lo sea para B. "Lo que es maná celestial para las personas A puede ser veneno para las B". Como menciona Freud, "lo más que podemos esperar de unas comparaciones que ignoran el factor de una experiencia no compartida es obtener algo de información sobre la proclividad temporal o espacial a quejarse o a tolerar el sufrimiento"; con ello estamos considerando que el ser humano va a experimentar un resultado positivo con algún producto o servicio siempre y cuando él como consumidor tenga una condición estrechamente ligada con los aspectos funcionales de aquello que vaya a adquirir. Es decir, los seres humanos van a evaluar positiva o negativamente su experiencia siempre y cuando se les alivie un malestar o se les facilite algún proceso.
Para "generar consumidores felices", superando sus expectativas, debemos generar una "promesa seductora". Dicha promesa es tentadora sólo en la medida en que el cliente no esté "completamente satisfecho". Las empresas hoy en día deben trabajar en la generación de "nuevas promesas" que rompan los esquemas actualmente establecidos por los productos o servicios disponibles en el mercado ofrecidos por la competencia. Recordemos que los consumidores son cada vez más sensibles a la innovación, exigentes, buscan "valor" o beneficios adicionales en todo aquello que adquieran para poder evaluar positivamente su experiencia.
Finalmente es de vital importancia resaltar una amenaza fuerte a la generación de aquellas "nuevas promesas": el exceso. Las compañías deben cuidarse de la economía de engaño, ofrecer a sus clientes todo aquello que si puedan cumplir y no recargar el mercado de ofertas no generadoras de satisfacción. El éxito radica en satisfacer plenamente sus deseos, más no en incrementar el índice de mortalidad de las expectativas de nuestro mercado meta.
2 comentarios:
Coincido con Mafer en sus primeras reflexiones sobre “felicidad” – bien podría decirse supuesta felicidad”- de las personas que vinculan este estado a la satisfacción que puede proporcionarles o no un producto-servicio. Lo penoso es imaginar que sean cada vez más los personas – convertidas en primera instancia en consumidores- quienes se acepten como felices, más felices o menos felices por lo mucho o poco que tienen o logren tener. SBJ
Excelente abordaje del tema. Muy buenos los comentarios.
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