En más de una ocasión me he detenido a pensar cómo serían mis costumbres, mi forma de ver el mundo y, hasta cierto punto, la toma de mis decisiones si hubiera nacido seis décadas atrás. Cuando veo a mi papá manejando una computadora, mientras su rostro se llena de expresiones de asombro y hasta de confusión en ocasiones, me doy cuenta una vez más de la rapidez con la que cambian las épocas y formas de comunicación.
“¡Qué lindo estudiar y trabajar ahora! Qué bueno hubiera sido tener tanta información a la mano”, me dicen mis padres mientras revisan su e-mail o entran a sitios como YouTube o Google para una búsqueda. “Así es, existe mucha información…”es mi corta respuesta, mientras en mi mente ronda la idea sobre cómo confirmar si lo que les llegó en el correo acerca de la planta venenosa o la promoción del crucero al Caribe, es real o no. Alain Ehrenberg es citado en el Capítulo 1 del libro Mundo Consumo, con la siguiente frase: “La mayoría de los sufrimientos humanos tienden a desarrollarse hoy a partir de un exceso de posibilidades, más que de una profusión de prohibiciones, como solía ocurrir en el pasado”. En el libro se menciona también que “la tarea de la toma de decisiones éticas se vuelve abrumadora” (Pág. 78).
Cuando la ética parece tener menos posibilidades en un mundo globalizado, donde la información está al alcance de un “click” en un tiempo impensable siglos atrás, es cuando paradójicamente debe tomar más fuerza y convertirse en la principal herramienta que marque una diferencia en los mensajes, productos y servicios que se ofrecen. Esto en contraposición a aquellos que solo usan recursos conocidos como “fáciles”.
La responsabilidad es ahora compartida entre los productores/emisores y los consumidores, quienes deben ser cada vez más selectivos. En la era digital somos parte de un público más desconfiado, con infinitas posibilidades para inclinarse por diversas opciones, una audiencia más exigente, ávida de innovaciones.
En este nuevo panorama radica el desafío de quienes trabajamos en la comunicación, con el reto de ofrecer calidad; ya sea en contenidos, servicios o productos. En cualquiera de estos ámbitos el factor económico es el que mueve las decisiones “Visto desde el punto netamente empresarial”, pero solo las ideas frescas, innovadoras y que cubran necesidades no valoradas por los competidores, son las que sobrevivirán.
Las herramientas fáciles funcionan, pero no perduran… ¿O acaso seguimos creyendo en el correo electrónico de la promoción del crucero que nos convirtió en ganadores? Por si las dudas, mejor hago un “click”.
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