En éste capítulo nuevamente el autor nos presenta varias temáticas muy interesantes, tales como la comparación entre la sociedad de producción frente a la consumista actual, el exceso de información al que estamos sometidos, la nueva concepción de la eternidad, entre otros.
En ésta parte me llamó mucho la atención la apreciación sobre la “vida feliz”, tradicionalmente la felicidad se la concebía como los estados o hechos que la gente deseaba y la infelicidad como los que quería evitar.
Ahora, en éste nuevo modelo de sociedad consumista y “ahorista”, se promete toda la felicidad en la vida terrenal “aquí y ahora” y con todos los “ahora” sucesivos, no se justifica ninguna clase de infelicidad, se relaciona directamente la felicidad con el nivel de ingresos que nos permita seguir adquiriendo y desechando de manera inmediata y sin límite, incluso desechando la tradicional concepto de eternidad, limitándola en el lapso de una sola vida humana.
Considero que si la felicidad se midiera por un alto nivel de ingresos, con un volumen elevado de consumo, es decir tener “una vida aceptable” desde el punto de vista consumista, en los países más desarrollados y ricos no existiera una tasa tan alta de suicidios, un gran porcentaje de individuos con enfermedades crónicas de depresión y ni hablar del alcoholismo y otras adicciones .
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